sábado, 16 de febrero de 2008
Se presentará en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria
Con motivo de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria Anroart Ediciones ha preparado la primera presentación del libro Confieso el Vacío en tierras isleñas.
Así comenzará la andadura de esta obra poética que pretende continuar su promoción por Tenerife, Huelva y Madrid. Además me gustaría realizar algunos recitales en bares, colectivos culturales y demás, para tener un agradable y cercano encuentro con los lectores, y apostar también por otra forma de presentar al público esta nueva publicación.
Les iré comentando tan pronto como tenga más datos.
miércoles, 6 de febrero de 2008
Confieso el Vacío en voz
Poema I
Poema II
Poema III
Además he realizado un fondo de pantalla para quienes quieran colocarlo en su ordenador, con las obras que Máximo Riol ha realizado para ilustrar este poemario.
Espero disfruten de todo ello.
sábado, 2 de febrero de 2008
Confieso el Vacío comienza a aparecer en prensa
No me puedo quejar. Sólo han pasado unos días desde que comenzamos la andadura de esta nueva obra literaria y ya algunos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia. Desde la primera hora de la tarde, casi con este blog todavía en pañales, www.teldeactualidad.com abría su cabecera con la noticia, al día siguiente otro de los diarios digitales de mi ciudad natal, Telde, www.revistatara.com, de quien, como en el caso anterior, soy asiduo colaborador hizo referencia a la nueva publicación.
En la mañana del ya pasado viernes, recibía la llamada de una de las mujeres más buenas y que más quiero, Paquita Suárez, colaboradora de la Radio Municipal de Telde. En esas mismas ondas comencé a leer yo mis poemas públicamente con trece años, junto con muchos amigos, y su director, Kiko Tarrasa supo apreciar nuestro trabajo, interés y esfuerzo, que llevó prontamente, a una sincera amistad. Un gran profesional que ha seguido demostrando con el tiempo que nadie como él sabe hacer radio. Una entrevista agradable, entrañable, mientras caminaba, con el frío sorprendente de una mañana madrileña de primero de febrero.
Y seguimos...
miércoles, 30 de enero de 2008
Máximo Riol y sus ilustraciones para Confieso el Vacío
El escultor, tras leer la obra poética ha jugado con los vacíos, con las formas para reflexionar sobre el hueco, y generar así una simbiosis entre el verso y el dibujo en esta edición.
Máximo Riol nació en Lorca, Murcia (1948). Fue alumno de Felo Monzón en la Escuela Luján Pérez (1963-1965), influencia que le ha marcado a lo largo de su trayectoria artística. Es Arquitecto Técnico por la Universidad de La Laguna (1975) y Profesor de Dibujo Lineal y Perspectiva de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Las Palmas de Gran Canaria.
Su labor como docente traspasa los muros de la Escuela. En el decenio 1985 - 1995 da charlas para la difusión de las Artes Aplicadas por diversos centros escolares y culturales de Canarias, siendo uno de los baluartes del grupo Espiral, motor de las artes plásticas en Canarias.
Ha participado en innumerables exposiciones, tanto individuales como colectivas. Su obra se encuentra dispersa por la geografía española y en varios países americanos, tanto en hormigón como en acero. Poseedor de numerosos premios, su obra ha sido objeto de estudio y análisis por una extensa nómina de críticos.
Su obra instalada más representativa para los canarios es sin duda "La Portada", ubicada en la entrada de los túneles "Julio Luengo" en la avenida marítima de Las Palmas de Gran Canaria, integrándose en el entramado urbanístico de la zona en armoniosa conjunción, convirtiéndose en elemento de referencia para los que transitan por al arteria principal de la capital canaria.
También ha creado el "El Jardín de las Hespérides" , conjunto escultórico formado por siete piezas alegóricas a las Islas Canarias, en el parque de San Juan de la ciudad de los Faycanes.
Su obra es tan extensa como interesante, jugando con las formas y los vacíos a modos parecidos a los de Chillida u otros escultores de temática similar del siglo XX.
Anroart Ediciones
www.anroart.com
Algunos poemas del libro
Les quiero ofrecer algunos de los poemas que componen este nuevo libro pleno de huecos, de espacios en blanco, repleto de ausencias y olvidos.
I
La luz de la cocina
insiste en despedirse.
Reaparece
en los instantes de descanso.
Mi nombre se repite
en las noches vacías
como habitaciones
sin sábanas en las camas.
Puedes morir mintiendo
–con un cuchillo en el vientre–
mientras duermes,
y soñar todos los restos de vida
que quedan por perder
debiendo tantas verdades.
Despiertas a la mañana siguiente
cuestionando si quedará café
de la tarde anterior,
cuando pensabas que estar solo
era un remedio
para la ausencia de ti mismo.
Toma un ramo de mentiras
hechas pedazos.
Pasé una noche violenta.
A veces se te indigesta
una conversación
o un silencio crudo.
No hay relojes
para medir
los pasos que tardo
en encontrarme con alguien.
Tampoco miden los espejos
las distancias
con nosotros mismos.
V
No tengas dudas
que llamaré a las cosas por su nombre.
Cuando no tema
las verdades que me acechan,
– las palabras exactas –
daré al silencio su muerte más certera.
Tú tienes esa suerte;
no te avergüenzas de permanecer vivo,
no sufres a la espera
de que la vida te devuelva
todos tus delirios a cachetadas.
El mundo clama en paz
por un día sin mis versos.
La pasión se estremece
entre duchas,
apuntes y alarmas,
al borde del vacío,
al filo del precipicio
ante el cual
hasta el verso se detiene.
Las ventanas se abren
en la madrugada
sin miedo a nada.
El aire regala voces lejanas,
restos de miradas oscuras,
de aguas perdidas,
de fallidas misiones
de resurrección de los vivos.
No reconozco
el tacto de tus labios
en mis mejillas.
El aire no trae nada tuyo esta noche.
El primer resplandor
me jura
que nadie soñó conmigo
ni dejó mi olor dormir entre sus sábanas.
XIII
El tiempo es un veneno
que bebemos sin hartarnos,
un punzón
que se clava en el pecho
con golpes de segundos
y el girar de las agujas.
El espacio es otro tiempo.
Es un recuerdo marchito
en el que te dejo,
o el que me queda hasta volverte a encontrar
muerta de tiempo,
borracha de tiempo,
harta del tiempo en que me esperaste.
La nada es otro tiempo.
Es el tiempo de olvidarte,
es el tiempo que perdimos
ansiando otro tiempo mejor
o muriéndonos con mucho tiempo
contado en nuestras manos.
Todo es tiempo.
Las soluciones claman al tiempo,
los errores son tiempo suicidado,
los problemas son tiempo
difícil, tiempo lento, angustioso tiempo.
La alegría es un tiempo descuidado,
un tiempo imposible,
un tiempo caduco.
Somos tiempos.
Algunos son tiempo eterno,
y otros promesas de tiempo
o tiempo agotado.
Prólogo: Una derrota, un vencimiento
El lector tiene entre las manos un libro que es una confesión. Una capitulación del poeta ante su propio vacío y, al mismo tiempo, el mejor poemario de Luis Antonio hasta la fecha. No temo en expresarlo de esta manera en estas palabras iniciales y poco útiles –siempre he pensado que los prólogos deberían ir detrás, en letra pequeñita y que el lector se enfrente directamente con la obra–.
Ya no es corta la trayectoria de este joven poeta (ya cada vez menos joven). Desde aquella primera obra imberbe que fue el binomio Me escuchas / Sabiendo que me pudo el amar (2001) ha llovido mucho. Muchísimo. Es más, ha diluviado. Y parte de los restos de ese diluvio los tenemos en Confieso el vacío. El poeta se nos muestra en su derrota. Versa la confesión de su desmoronamiento. No le interesa subrayar aquí los motivos de esa derrota (la amada, el ente femenino, ese tú que cuestiona y que también se cuela en los poemas por algunas esquinas), para este diálogo ya se pronunció con anterioridad, en los poemarios precedentes. Lo que se estima en estas páginas es la verdadera voz íntima del poeta. La confesión, a sí mismo o al mundo, de que ha sido derrotado y de que ese descalabro le produce una vergüenza, un sonrojo, un abrasamiento interior, que impiden la comunicación poética. La palabra se ríe del poeta (Poema IV). El poema III es muestra definitiva de todo ello, con una de las estrofas más bellas del conjunto:
La inercia
es la razón de dormir tantas horas.
Si amáramos la vida
robaríamos hasta el tiempo de estar muertos
para seguir escribiendo
nuestras razones para morir.
Y viene a la memoria con estas palabras el Ciorán más vencido de Silogismos de la amargura (1952).
Luis Antonio se exhibe en su caída con versos muy bien sugeridos y, en esa introspección, por momentos desquiciada, por momentos febril, el diálogo que establece consigo mismo, con su yo reflejado en el espejo, o mejor dicho, con la distancia infinita que hay hasta ese yo (VI), permite ver que la verdadera importancia no radica en la derrota en sí, sino en el proceso dialéctico en el que se ven envueltas las partes del poeta («Mírame a los ojos cuando te hablo…»). Un diálogo que transcurre en la oscuridad –la oscuridad interna al poeta–, porque es en el instante nocturno, en el sueño, donde el poeta se expone a su mente y a su propio vacío.
Pero la voz poética es valiente, más aún, es terca; irremediablemente terca. Y anuncia su resurgir y su furia desde el poema V: «daré al silencio su muerte más certera.» Y cuando la voz poética acalle al silencio de la vergüenza se habrá impostado del sentimiento de derrota y aniquilará el tiempo, «los errores son tiempo suicidado» (XIII), mostrándose a sí mismo (XIV), gritando (XVII), colocándose en una posición de vencimiento desde la derrota, de lección aprendida. El poeta, como nos tiene acostumbrados de obras anteriores, resurge de su problemática con mayor afianzamiento de su identidad. De esta manera se explica un poema final (XVIII) tan seguro, tan certero, tan exacto.
Por mucha altura que tuviera Abril, tres de la mañana (Huerga & Fierro, 2005), que vaya si la tenía, Confieso el vacío nos coloca ya ante un poeta con verdadero dominio de su verso, sin ningún titubeo. Desgarrador y controlado al tiempo.
Ha llegado. Ésta es su voz. Ahora sólo debe pararse, escribir y contarnos.
