jueves, 15 de mayo de 2008

LE CONFIESO AL POETA

LE CONFIESO AL POETA

Juan Carlos de Sancho


Texto presentación del libro "Confieso El Vacío" (Luis Antonio González Pérez, Ed Anroart)

Confieso que cuando un amigo escritor me invita a presentar su libro mi mente entra de inmediato en varios laberintos que se cruzan ¿En que lugar me coloco?-suelo pensar. ¿En el lugar del crítico? ¿En el del biógrafo? ¿En el del lector? Y curiosamente cada libro, que es la forma que tiene el escritor de presentarse ante el mundo, suele ser el encargado de situarme en el laberinto adecuado. Siempre en el laberinto.
Les confieso que el mundo de los escritores viene a ser, por naturaleza, vasto y desafiante. Y si es poeta mucho más aún porque está ubicado en un campo de fuerzas psíquicas y tensiones sociales que le reclaman voluntad, lucidez, perspicacia y paciencia. El crítico, nos dice Paul Valery, debería ser quien entresacara los problemas que un escritor enfrentó y señalará si los resolvió o no y de que modo. El biógrafo extiende su examen hasta las circunstancias y coyunturas estratégicas en la vida del autor.
¿Pero qué ocurre cuando el que presenta el libro es amigo del escritor, lector y también escritor? ¿Por donde empezar si sabes de antemano que lo que tienes ante ti es una Confesión? Es una situación tremenda, delicada, porque estás trabajando con un alma desnuda y ante estos libros existe el riesgo de entrar en comentarios baladíes o en perezosos lugares comunes. En este caso cometería el riesgo de la interpretación y no me siento cómodo en esa situación, porque insisto, estoy ante un libro que es una Confesión. Y mi actitud debe ser ante todo, respetuosa.
Escribía Juan Rulfo que "nadie ha recorrido el corazón de un hombre". Pero hay poetas que si se atreven y en vez de aguantar el silencio, lo cuentan. Y en este caso, el libro que ahora les presento, aunque el poeta asuma su confesión desde una perspectiva única, es como un mapa en movimiento donde confluyen numerosos itinerarios individuales y sociales: es la confesión de un vacío pero también la crónica del espacio y del tiempo donde el poeta ha resistido. Para algunos creadores la vida en general se desarrolla gracias a estas carencias, gana fuerza e interés a partir del deseo insatisfecho o de la ilusión no consumada. Y mientras escriben su infortunio y la derrota del mundo, sus relatos se transforman en una energía altamente activa. Es el milagro de la palabra
Me gusta hablar de los libros como compañeros, establecer con ellos un relato compartido, identificarme, saber que el escritor, al hacerlo público (de ahí viene lo de "publicar") me interpela, me inquieta, me trastoca. Habla de sí, pero habla de todos, transita nuestro corazón común. Confieso que duele leer el vacío, pero al mismo tiempo reconforta saber que Luis no ha abandonado la vida y que su esfuerzo por comunicar su confusión y su fragilidad, ha derivado en más vida, en más literatura.
Luis, me recuerdas Madrid cuando te leo y también mis infortunios, el calvario que supone ser uno mismo y la tremenda fragilidad de saber lo que a tu ser le duele. ¿Por qué es bueno leer lo que nos duele? "Somos simplemente/humanos agotados de ser espectadores/del derrumbe de nosotros mismos frente a los ojos del otro. Definición de una época que se agota ensimismada pero al poeta le queda tiempo aún para profundizar entre tanta desventaja. Rebusca entre las palabras inciertas como un escultor herido y mientras va pegando sus piezas rotas dibuja un nuevo ser en su estudio madrileño: somos/ fiel reflejo/ de un presente incierto/ y un futuro imposible. Pero el libro continúa.
Sigo leyendo y voy recordándome y me lastimo y me veo sólo en mi habitación de Malasaña, como Luis, asomado a una ventana que podría llevarme a cualquier lugar de esta gran ciudad, llena de solitarios que ignoran lo que saben. Las ventanas, las ventanas, aparecen a menudo en estos poemas. ¿Ventanas o alas de mariposa? Escribe el poeta: No pienso cerrar las ventanas/ ni apagar las luces. Mientras sufre la melancolía está pensando en escapar. Escapar con sus palabras. ¿Es esto la poesía? ¿Un remedio para el dolor? : Hoy creo que superaremos/ la guerra de los cien años/ o al menos/ la noche y sus silencios .El poeta se confiesa, pero al mismo tiempo se cuida y se resguarda. Escribe de nuevo la vida que le queda y comienza a vivirla mientras la imagina: Hoy no tengo ganas/ de planear la batalla/ ni haré nada por vencer rápido.
Esto de la escritura es un oficio lento, un oficio perseguido por la propia sombra. ¿Cómo escribir si no puedes ni contigo mismo? ¿Y para que lo haces? ¿Nombrar el fantasma para matarlo, como diría Alejandra Pizarnik? Pero el vacío ¿no te mata las ganas? A Luís no lo abatió la pereza circunstancial del escritor. Y dicen algunos que la Pereza puede conducir al Suicidio o a la Belleza. Creo que el poeta que tengo esta tarde a mi lado, como buen signo Virgo, optó por abrir la ventana y antes de dar un salto mortal al vacío y desparecer para siempre optó por mirar, por volver a mirar despacio: "?. ni haré nada por vencer rápido". Creo que de ahí surgió esta confesión que más tarde se transformó en un libro con ventanas, poemas para mirar la habitación del poeta desde fuera y el mundo desde dentro.
¿Qué nos pasa cuando sufrimos la pérdida? ¿Nos persiguen los fantasmas? ¿Dejamos de ser? ¿El ser que éramos se desdibuja en el dolor? ¿Mantenemos el atrevimiento del Ave-Fénix? ¿Se destartala el existir? ¿Quien vendrá en nuestra ayuda si ni siquiera tenemos la voluntad de pedir? Cuando Luis escribe "en todo momento/ la mente puede ser una tormenta y tú el pasado, intuyo que ya está protegido y que lo peor ya ha pasado.
Hace unas semanas en un coloquio del Festival de Cine de Las Palmas le pregunté a la directora japonesa Kawase si había tanto dolor en el mundo y si el dolor podría algún día cesar su devastadora presencia. Después de comentar su película Mogari no Mori me contestó que el sufrimiento siempre estará ahí pero si aprendiéramos de los ciclos del dolor todo sería más natural: nos alegramos cuando llega la luz y el calor del verano y nos entristecemos cuando llegan las nubes y el frío. Y así en cada estación. Esa es la sensación que me produjo leer Confieso El Vacío: un viaje al epicentro del abandono y la desesperación pero al mismo tiempo una revelación del claro del bosque, allí donde los árboles ya dejan ver el cielo.
Luis es en este libro un guerrero herido y el filósofo que aprovecha la herida para indagar en su cuaderno de campo la anchura de la vida, el paisaje después de la batalla. Es un guerrero que no se rinde aunque en su derrota asegure que los errores son tiempo descuidado o que la alegría es un tiempo descuidado/ un tiempo imposible, un tiempo caduco. La falsa alegría claro, no la esencial que es más íntima, invisible y duradera. De todas maneras el poeta concluye que somos tiempos/ algunos son tiempo eterno, y otros promesas de tiempo o tiempo agotado.
Escribía Nietzche que "lo primero que hago cuando "sondeo los riñones" de un hombre es mirar si tiene en el cuerpo un sentimiento para la distancia". A Luis, ese sentimiento le protege desde que era niño, seguramente. Puede ser implacable y compasivo al mismo tiempo. Entonces es brillante y compacto: "No dominamos nuestras mentes/ ni lo pretendemos/. Damos toda la calle/ sin tráfico en la madrugada/ para que cabalguen las ideas/ como jinetes del Apocalipsis/ antes del fin de los pensamientos/ y el comienzo de las rutinas. Distancia, siempre la distancia, con desgaste, pero aprovechando el hueco de la herida, la ventana de la herida, para insinuar otros dolores que nos acechan, la incertidumbre que nos envuelve y reaviva en cada instante del ser. Pura generosidad del poeta en medio de su catástrofe.
Yo creo que para la última pregunta si tienes respuesta, Luis. Es esa ventana, es tu interior en plenitud, demolido pero confeso. Y por eso estás hoy aquí. En fin, les decía al principio que ¿por donde empezar si ya sabes de antemano que lo que tienes ante ti es una Confesión? Por respeto al futuro lector he tomado la decisión de entrar en la habitación del poeta en otra ocasión. Entonces comprobarán por que no quise contarlo todo esta tarde, la razón de mi silencio. Confieso que hasta aquí ha llegado mi cometido. Gracias Luis por tu valentía.

Club de Prensa, Las Palmas de Gran Canaria
9 Mayo 2008

2 comentarios:

Lupita Pololos dijo...

Hola Luis,
¿Que tal andas?
Siento no haber ido a tu presentación, pero estoy liadísima con exámenes, etc.
Gracias por comentar en mi blog, espero que te sigas pasando.
Por cierto, me gustaría leer tu nuevo libro, ¿donde se compra?... y otra cosa, si me das permiso pongo algún poemilla tuyo en mi jardín (ahí, con Bennedetti y Enzesberger, como los grandes) y un enlace hasta aquí (así te hago publi, aunque alomejor no te hace falta, jejeje)
Bueno, sigue trabajando, que eres un gran poetiso... a ver cuando nos tomamos unos cafeles
¡Saluditos!

Confieso el Vacío - Luis Antonio González Pérez dijo...

Amada Artista, querida Bárbara:

Por supuesto que puedes copiar lo que quieras de este blog al tuyo. Tienes los poemas en voz y en texto, fotos, lo que se te apetezca. Te recomendaría que fotos no para que tu blog no pierda "la belleza" jeje.

Desde que termine exámenes por supuesto que quedamos, para café, o para noche poética, ronera o de cañas .

Por supuesto que me pasaré por tu blog más veces. Merece la pena.